Claridad de palabras
Hoy he asistido a mi primera clase de física impartida en valenciano. Joan Antoni Miralles era el profesor. Resulta que el señor Palacios, quien me corresponde por pertenecer al grupo de castellano, le hizo una faena al profesor del grupo de valenciano pidiéndole que cuando se ausentara impartiera la clase para todos... en castellano, por supuesto, en lugar de hablarlo con el profesor de otra asignatura cualquiera para hacer un cambio de clase. Esto fue ayer. Hoy tampoco podía venir el señor Palacios y hemos optado por acudir de nuevo a la otra clase. Al vernos, Joan Antoni Miralles se ha vuelto a ofrecer a dar la clase en castellano, aun cuando ya no había tal acuerdo entre docentes. En ese momento me he sentido algo violento. ¿Quiénes éramos nosotros para hacer que en el grupo de valenciano se hablara en castellano? Después de todo, nosotros no debíamos haber estado allí. Hemos pedido al profesor que impartiera la clase en valenciano, como debía ser. A pesar de los contratiempos del idioma, hoy he comprendido que hay personas capaces de hacerse entender de maravilla en una lengua ajena, y personas a las que no se les puede entender, por muy correctamente que dominen el castellano. Mañana... volveré al grupo de valenciano.
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